Quién me conoce sabe lo que siento cada vez que piso un viñedo. La tierra me transmite mucho, cuando acaricio las hojas de la cepa o hablo a las viñas en uno de los momentos en los que me siento libre. Es mágico, se para el tiempo, por eso digo que el buen vino necesita de tiempo y dedicación.

El vino se disfruta de manera única y se comparte en momentos especiales, en una cena o comida con amigos, con la familia, con tu pareja. Un vino puede recordarte una experiencia o un viaje, hacerte pensar en la persona amada, manifestarte unos sentimientos, unas emociones. Ademas de ofrecernos aspectos sensitivos que nos aporta a través de la vista, el olfato y el gusto es capaz de transmitir muchas sensaciones que a veces son difíciles de explicar.

En la actualidad el estudio del cerebro ha logrado dar una explicación a estos y otros fenómenos en los cuales los aromas nos llegan cargados de emociones. El cerebro se compone de tres capas, el reptiliano que está relacionado con el instinto, el límbotico responsable de las emociones y el neocórtex es el que nos trata de dar racionalidad a toda la información que nos llega de las capas anteriores.

El sentido del olfato ésta situado en el sistema límbico y cumple un papel muy importante , es 10.000 veces mas sensible que el sentido del gusto pudiendo detectar miles de aromas diferentes. éstas sensaciones unidas a nuestras emociones hace que el vino se una bebida distinta y que cada uno viva una experiencia única a través de emociones que él mismo provoca.

En ésta ocasión descorché éste vino blanco que os pongo en la foto. Una maravilla de vino artesanal elaborado en Penedés, variedad Macabeo con una crianza en barrica de castaño del país durante unos 180 días. Realmente es una fusión de aromas de frutas blancas y con una acidez equilibrada. Me trasladó a Burdeos fue una grata experiencia y que por supuesto un vino que recomiendo.

Crowd Wine , Penedes

En la mayoría de veces una copa de vino nos traslada a recuerdos perdidos en nuestra memoria y durante un instante, nos hace viajar de nuevo a ese lugar donde disfrutamos de un gran momento, como si se tratara de un cuadro, aparece en alguna esquina de esa imagen cerebral una botella tan llena de sensaciones. En ocasiones, también nos evoca momentos duros y difíciles aún a sabiendas que la vida está llena de ellos y no es malo revivirlos.

A veces, el viaje se produce en nuestro interior y considero puede ser necesario realizarlo, entonces se nos para el reloj y sientes que una lágrima recorre tu mejilla cayendo sobre la copa, y no sabes porque pero te sumerges en un suspiro.

El vino, las circunstancias que lo rodean, con quién lo disfrutas, puede provocar un viaje por distintas emociones y terminar de completar un momento puntual y convertirlo en inolvidable.

Pues, si como siempre digo: «El vino es el néctar de la vivid y la bebida que me eleva al cielo¨.

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